
Centenares de personas acudieron a la primera concentración convocada por la “Plataforma cívica per la pluralitat y transparència a Canal 9”, una iniciativa ciudadana nacida en Facebook, debido al hartazgo de gran parte de la sociedad valenciana, que condena desde hace tiempo la sistemática manipulación e intoxicación (des)informativa que el Gobierno valenciano hace de los medios de comunicación públicos.
Para Canal 9 no existe Gürtel, ni tampoco la oposición al gobierno del PP, siendo ignorados como norma general los dirigentes y miembros destacados del resto de formaciones políticas del País Valenciano, ya sea en los (des)informativos diarios, o la hora de invitarles a participar en debates y asistir a tertulias políticas.
El tiempo dedicado a la crítica hacia el gobierno valenciano es ridículo en comparación con el continuo autobombo que se le hace al presidente Camps y a toda su corte de honor pepera; recibidora, sin la mínima vergüenza, de múltiples halagos por parte de presentadores y directivos de la cadena pública valenciana, designados a dedo por el gobierno regional.
Canal 9 se ha convertido en el NODO del PP de Camps y Rita Barberá, un espacio comunicativo cada día más endeudado que ofrece una mediocre programación, convirtiéndolo en la cadena de televisión pública con menor índice de audiencia en tierras valencianas y de las peor valoradas por los ciudadanos y ciudadanas.
El Partido Popular ha convertido la televisión pública, financiada con los impuestos de todos, en la caja de resonancia de las consignas que vomita a diario: “Zapatero el valencianofobo no defiende los intereses de los valencianos”, “en la CV la culpa de la crisis es del Gobierno central”, “la Copa América junto a la Fórmula 1 traerán prosperidad y riqueza”, por no hablar del famoso y demagogo “agua para todos”.
Pero aunque en Canal 9 seamos invisibles, los hechos y los datos evidencian cada día que no debemos seguir soportando el deterioro de las instituciones y de los servicios públicos valencianos, que no debemos callarnos. La sociedad civil valenciana está movilizándose, se está dando cuenta de qué clase de personajes controlan el poder en esta tierra, unos personajes peligrosos para el bienestar general que denigran la política y la buena moral, tan necesaria para un gobernante y, lamentablemente, tan escasa en la derecha valenciana.
Para Canal 9 no existe Gürtel, ni tampoco la oposición al gobierno del PP, siendo ignorados como norma general los dirigentes y miembros destacados del resto de formaciones políticas del País Valenciano, ya sea en los (des)informativos diarios, o la hora de invitarles a participar en debates y asistir a tertulias políticas.
El tiempo dedicado a la crítica hacia el gobierno valenciano es ridículo en comparación con el continuo autobombo que se le hace al presidente Camps y a toda su corte de honor pepera; recibidora, sin la mínima vergüenza, de múltiples halagos por parte de presentadores y directivos de la cadena pública valenciana, designados a dedo por el gobierno regional.
Canal 9 se ha convertido en el NODO del PP de Camps y Rita Barberá, un espacio comunicativo cada día más endeudado que ofrece una mediocre programación, convirtiéndolo en la cadena de televisión pública con menor índice de audiencia en tierras valencianas y de las peor valoradas por los ciudadanos y ciudadanas.
El Partido Popular ha convertido la televisión pública, financiada con los impuestos de todos, en la caja de resonancia de las consignas que vomita a diario: “Zapatero el valencianofobo no defiende los intereses de los valencianos”, “en la CV la culpa de la crisis es del Gobierno central”, “la Copa América junto a la Fórmula 1 traerán prosperidad y riqueza”, por no hablar del famoso y demagogo “agua para todos”.
Pero aunque en Canal 9 seamos invisibles, los hechos y los datos evidencian cada día que no debemos seguir soportando el deterioro de las instituciones y de los servicios públicos valencianos, que no debemos callarnos. La sociedad civil valenciana está movilizándose, se está dando cuenta de qué clase de personajes controlan el poder en esta tierra, unos personajes peligrosos para el bienestar general que denigran la política y la buena moral, tan necesaria para un gobernante y, lamentablemente, tan escasa en la derecha valenciana.