28 de septiembre de 2009

Reforma de la ley del Aborto


Tras décadas de mucha, mucha hipocresía, tabúes y clandestinidad en clínicas privadas o extranjeras, arranca por fin en España el trámite parlamentario sobre la reforma de la ley de interrupción voluntaria del embarazo y educación sexual. Como no podría ser de otra manera, la derecha popular (o populista) piensa movilizarse, dice, en contra del aborto.

Este tema, polémico por naturaleza y no ajeno para nadie, conviene ser debatido y analizado desde diferentes perspectivas para llegar a comprender el por qué de la necesidad de abordar esta reforma y el por qué se pretende equiparar nuestra legislación con la del resto de países avanzados de nuestro entorno en esta materia.

Nadie está a favor del aborto, que todo el mundo lo tenga presente. Nadie puede pensar que el aborto es algo banal o superfluo, sobre todo si hablamos de la persona que se encuentra en una situación tan trágica y transcendental, especialmente para la vida de una mujer. Debemos partir de esta premisa, crucial para entender el por qué urge la necesidad de reformar la ley.

Decidir abortar o no, no es tan simple como decidir el color de la camisa antes de ir a trabajar, es algo infinitamente más serio y comprometido, ante todo personal, íntimo e importante como para prejuzgar que alguien que aborta lo hace sin antes meditar sobre ello, que no vaya a repercutir en su salud mental y física, en su comportamiento, incluso en el devenir de su vida con motivo de tomar tan dura y trágica decisión, decisión que tiene legítimo derecho a tomar.

Por otro lado, es de una necedad abismal afirmar que con la nueva ley del aborto se va a disparar el número de mujeres, sobre todo jóvenes, que van a utilizar esta práctica de forma irresponsable y sin control alguno. Es inaceptable que se piense que el Gobierno desea que las mujeres aborten, o que desee, como se ha llegado a afirmar, “matar cual genocida a miles de niños”. Produce aversión escuchar estas barbaridades propias de una mente cerril, vil e ignorante.

Esta reforma pretender suplir las claras deficiencias que la anterior ley del aborto ha evidenciado desde que fuera aprobara en 1985 (con el apoyo del PP). Una ley que no ha reducido el número de abortos, una ley que se ha mostrado claramente deficiente a la hora de tratar esta realidad social (que siempre ha existido, por cierto) y una ley que, curiosamente, no ha despertado la agresiva reacción anti-abortista y fanática cuando era un partido conservador quien estaba en el poder.

De ahora en adelante, lo que se busca es lo que, en países como Holanda, ha demostrado una legislación realista y respetuosa con la libertad individual de las mujeres, sin que hayan influido de ninguna manera aspectos religiosos; es decir, que se reduzca el número tanto de embarazos no deseados como de abortos.

Se quiere construir un pilar esencial a través la inversión en Educación Sexual para los más jóvenes, una educación que fomente la responsabilidad sexual en quienes son más propensos a correr riesgos innecesarios. Todo ello unido a medidas que faciliten la adquisición de métodos anticonceptivos, que mejoren la información en materia sexual y, en definitiva, que formen ciudadanos y ciudadanas conscientes y responsables en este tema tan importante.

Otro aspecto polémico de la reforma, es la posibilidad de abortar libremente a partir de los 16 años de edad. Resulta complejo este punto, ya que, por un lado, si bien es cierto que a los 16 años uno no puede, legalmente, tomar drogas, o necesita consentimiento paterno para hacer una excursión fuera del colegio, no es menos cierto que con 16 años uno ya tiene responsabilidad penal, puede mantener relaciones sexuales, puede conducir motos, trabajar o someterse a una operación de cirugía estética, por ejemplo. La confianza y apoyo paternos también es vital en un asunto tan delicado, y más en esas edades, pero no se puede pretender el permiso de los padres en una decisión, como digo, ante todo personal, íntima y que atañe al propio individuo por encima de todo.

Una buena educación sexual, responsabilidad y legislación adecuada a la realidad social de hoy día son la base y estructura necesarias para conseguir que, poco a poco, la cifra de abortos vaya cayendo en España, pero lo realmente importante es que hablamos de un tema que es ante todo personal, íntimo, y que nadie tiene derecho a juzgar lo que para la mujer ya supone una dificultad asfixiante decidir. La mujer es libre de decidir.

Todos defendemos enérgicamente la vida, pero también, algunos, defendemos con la misma fuerza la libertad para decidir, aunque esa libertad conlleva una gran responsabilidad.

1 comentario:

Buscando un lugar dijo...

lo primero; cada día escribes mejor ^^
y lo segundo; considero que era necesario que la ley cambiara. a mi juicio una ley de estas características tiene que venir con un buen contenido educativo porque el aborto no puede ser la panacea, antes de llegar a él se debe atajar el asunto por la vía de la educación.
en tercer lugar; a todos los que ponen el grito en el cielo, decirles que muy probablemente muchas hijas de papá de la derecha abortaron en clínicas privadas para poder seguir con sus estudios y sus vidas de adolescentes, no sé porque criticar ahora esta ley. quizás porque lo que no quieren es que las leyes defiendan los intereses de la clase obrera eliminado así distancias entre los privilegios de las diferentes clases sociales.