20 de septiembre de 2009

¿Cuándo saldremos de la Crisis?


Hace unas semanas tuvo lugar un intenso debate económico en el Congreso de los Diputados, un debate en el que se evidenció lo difícil que lo está teniendo y va a tener el Ejecutivo socialista y el presidente Zapatero para mantener el liderazgo y los apoyos parlamentarios, al menos en materia económica, para hacer frente al complicado contexto actual.

A estas alturas, después de llevar casi dos años escuchando palabras como “crisis”, “desaceleración”, “recesión”, “deflación”, “paro”, etc. y de ver a los políticos tirarse los trastos a la cabeza, con mensajes contradictorios y, en definitiva, desgastándose unos a otros, mucha gente se pregunta: ¿Cuándo demonios saldremos de la crisis? ¿Cuándo se acabará esto? ¿Cuándo volverá a crearse empleo? Muchas preguntas de arriesgada respuesta, porqué, sinceramente, hasta el mayor experto contestaría: no tenemos ni idea.

Hagamos una pequeña reflexión y tratemos de diagnosticar cómo está a día de hoy el panorama español en lo referente a la famosa crisis económica y financiera, y cuál está siendo la reacción del Gobierno:

No hace mucho se informaba de que países como Alemania o Francia, poco a poco, estaban empezando a recuperar la senda del crecimiento. Es muy prematuro hablar de crecimiento pero, sin duda, fueron noticias positivas que trajeron aire fresco y esperanza para el resto de países que continúan necesitando esforzarse muy duro. España no es ni Alemania ni Francia.

En España se está aplicando la receta que todos los países de su entorno están adoptando desde que comenzó esta crisis global, es decir, se están aplicando, desde el Diálogo Social, políticas de inversión pública masiva con el objetivo de contrarrestar la caída de la actividad privada, ya sea creando empleo público, inyectando liquidez a nuestro sistema financiero o sacando adelante proyectos ambiciosos destinados a modernizar y renovar nuestro caduco sistema productivo.

Políticas fiscales keynesianas de intervención estatal en los mercados para proteger a quienes están sufriendo las consecuencias de la recesión de un modo más agudo, medidas destinadas a mejorar nuestro modelo económico, tan desgastado y obsoleto desde hace demasiado tiempo. Políticas materializadas en más de 100 medidas diferentes, que pueden comprobarse en paquetes como el Plan E.

Sin embargo, toda la maquinaria financiera que el Gobierno de Zapatero lleva impulsando no está pensada para sacar a España de la crisis, no. Puesto que la coyuntura actual es de carácter global, es una crisis que ha venido de fuera y que, debido a nuestra mala preparación nos ha tocado fuerte, la respuesta efectiva y solución deberá provenir también desde lo global.

Pero España sí tiene la responsabilidad y competencias para mantener el país a flote mientras arrecia la tormenta, es decir, lo único que se puede hacer, desgraciadamente, es tratar de proteger a los ciudadanos, de aguantar, contener la presión, de dar un poco de oxígeno a la gente para que pase este bache de la manera no mejor, sino menos mala posible. Una ardua tarea.

Desde organismos económicos internacionales se pronostica, con el riesgo que en Economía supone en estos casos hacer predicciones, que España seguirá generando paro, pero a un ritmo mucho menor que el de hace unos meses y sin alcanzar los cinco millones de desempleados. Se anuncia que España comenzará tímidamente a remontar a partir de 2010, y que, por lo menos, lo peor de la crisis ya ha pasado.

España, no lo olvidemos, tiene como lastre el alto nivel de su tasa de paro. Por lo demás no tenemos nada que envidiar al resto de países también en crisis, por ejemplo en nivel de recesión del PIB o déficit presupuestario, índice de precios o capacidad de solvencia.

Ahora se anuncia una subida de impuestos, como el de las rentas del capital o impuestos especiales. Recordemos que España sigue teniendo una política tributaria más flexible que la media europea, con un IVA inferior y que, además, estamos en un momento difícil que requiere el esfuerzo de todos. En este sentido debe abogarse por una reforma fiscal responsable y progresista, que persiga el fraude, que intervenga inteligentemente y que no perjudique a los que peor lo están pasando. Confiemos en que sea así.

Lo que está claro es que el Gobierno lo va a tener complicado el resto de legislatura. Va a tener que ser firme y claro en sus políticas y su mensaje, va a tener que arriesgar y buscar acuerdos que prioricen sus postulados ideológicos, es decir, acuerdos que tengan como fondo el beneficio de la inmensa mayoría de la gente y la justicia social.

A Zapatero le ha tocado un mandato agridulce, tras los espectaculares resultados de la pasada legislatura ahora le toca soportar lo que cualquier presidente de cualquier partido o ideología tendría que soportar en su situación. Veremos cómo se desenvuelve, porqué, como se suele decir, es en momentos difíciles donde se demuestra la capacidad de salir adelante, la fuerza y la confianza, no basta sólo con transmitir entusiasmo.

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