
El debate se ha contextualizado en un momento de crisis interna en el seno del PP, donde algunos empiezan a admitir (después de meses negando la mayor y cerrando filas, acusando al Gobierno central socialista de un uso persecutorio de la fiscalía, policía y jueces, insultando a las instituciones y a todo el Estado con tal de proteger a sus imputados, a los que les interesa claro) que es necesario tomar medidas contundentes en Valencia. Y con una oposición que exige la dimisión inmediata de Camps más elecciones anticipadas. Mucha tensión, sin duda.
Como era previsible, el PP valenciano exprimió al máximo su viejo discurso de siempre, un mensaje populista, cargado de mentiras y demagogo, auto-proclamándose supuesto único defensor de los intereses y emblema del “orgullo” valencianos; sin faltar, obviamente, ataques sistemáticos a Zapatero (¿no era política regional de lo que iba el debate?) y alardeando de ser un más que dudoso ejemplo a seguir para el resto de comunidades que, a su entender, dependen de la Comunidad Valenciana, pues ésta, en palabras de Camps, “es el motor y cambio de rumbo de España” con un gobierno “creíble”. Sin comentarios.
Igualmente previsible fue el hecho de que, pensando que la gente es tonta, ignorando hablar de la trama Gürtel, de Orange Market, de “amiguitos del alma” y de “bigotes” o de financiación ilegal (avalada por informe policial), la gente iba a pasar por alto un asunto tan nimio, ¿verdad? No cuela.
Un presidente Camps que se mostró en todo momento serio, frío y escurridizo ante las comprometidas preguntas que la oposición le fue formulando a lo largo de la sesión. Un Francisco Camps que parecía más preocupado por intentar lavar la imagen tras las graves acusaciones que pesan sobre su partido y su persona, que por dar justificación a otros cuatro años de pésima gestión de lo público valenciano, la falta de políticas sociales dignas, de transparencia política, el alto índice de paro en Valencia, la ausencia de medidas sensatas o financiadas para paliar los efectos de la crisis, casos de corrupción gravísimos ignorados por la manipulada televisión pública valenciana, y así un largo etc.
Por su parte, el portavoz del grupo socialista en les Corts, Ángel Luna, respondió a Francisco Camps considerándolo con rotundidad “políticamente acabado”, que “de esta no sale” y le acusó de "estar llevando a la podredumbre moral" a la política valenciana. Drásticas palabras para denunciar la evidente falta de rigor político y moral, así como bochorno institucional, que ha demostrado y demuestra día a día el PPCV y sus máximos responsables, con Camps a la cabeza, con un gobierno regional paralizado y deleznable.
El PSPV-PSOE ha presentado un grueso paquete de proyectos y medidas económicas concretas pensadas para salvaguardar la situación de cientos de miles de ciudadanos valencianos y valencianas que están sufriendo las consecuencias de la irresponsable gestión económica de un gobierno regional que gana elecciones gracias a la abstención de voto, a base de promesas falsas o no dotadas de financiación, un gobierno que ignora lo que significa vivir en Democracia, que juega con el dinero de todos, que miente, que manipula, que malgasta y descuida todo lo que suene a social, a igualdad o a solidaridad.
El problema es que mucha gente sabe todo esto, es una mayoría la sociedad valenciana la que rechaza la forma de entender y de gobernar que tiene la derecha, es una mayoría la que no ha olvidado su origen, sus raíces progresistas, su historia. El problema, es la urgente necesidad de tener una oposición sólida, un PSPV-PSOE unido, fuerte, serio, coherente, ágil, con carisma, con ilusión, con propuestas, con sinceridad, con líderes reales, con ideas auténticas, con nombres y apellidos y comprometido con las necesidades de la gente.